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¿Cómo decido mis tarifas?

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A todos los traductores nos llega el momento en que debemos decidir cuánto queremos cobrar por nuestro trabajo. Pero, ¿cómo podemos saber qué tarifa es la más adecuada? ¿Cómo sabemos si no estamos aplicando tarifas demasiado altas o demasiado bajas? Os dejo unos consejos que espero que os sean de utilidad cuando tengáis que escoger las vuestras.

1. Investiga las tarifas de otros traductores

Es muy útil realizar un estudio de mercado para saber cuánto cobran otros traductores de tu misma especialidad para poder así decidir tus propias tarifas. Hay bastantes traductores que tienen sus tarifas publicadas en sus páginas web, así que sólo tienes que buscarlas y ver cuál es la tarifa media. Aunque luego apliques tu propia tarifa según tus necesidades, te servirá para hacerte una idea sobre si es demasiado elevada o no.

2. Ten en cuenta tus gastos

Para poder mantener cualquier negocio se tiene que hacer frente a una serie de costes, y la traducción no es una excepción. Hay que pagar la cuota de autónomos, Internet,… Es importante, por tanto, que tus tarifas sean superiores a tus costes, ya que, de otra manera, estarías perdiendo dinero y el negocio no sería rentable.

3. Conoce tu velocidad de traducción

Para poder aplicar una tarifa que sea superior a los costes, tienes que saber también a qué velocidad eres capaz de traducir. Aunque hay meses más buenos que otros (no siempre vas a estar a tope de trabajo), si sabes qué cantidad eres capaz de traducir en un mes, podrás calcular cuánto necesitas cobrar por palabra para cubrir tus costes.

4. Decide cuánto quieres ganar

No hacemos los encargos sólo para cubrir costes, sino que nos interesa obtener beneficio para poder vivir, así que es conveniente tener una idea aproximada de cuánto queremos ganar. De este modo podremos decidir cuánto necesitamos cobrar para, además de cubrir nuestros gastos, tener ganancias.

5. Ten en cuenta cuánto va a estar dispuesto a pagar el cliente

Si tu tarifa es demasiado alta, puede que el cliente decida no darte a ti el trabajo por no poder permitírselo. Sin embargo, tampoco hay que desesperarse por ello, puesto que todo se puede negociar, y las tarifas no son una excepción. Puedes, desde un principio, aplicar una tarifa más baja para asegurarte el proyecto, o aplicar una alta y luego negociar con el cliente hasta llegar a un acuerdo.

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